En el mapa Josefov parece poca cosa, pero una vez dentro da para mucho. Desde Maiselova se llega a la sinagoga Pinkas casi sin pensarlo. Vaya allí primero, con la cabeza todavía despejada.

La Pinkas no es para entrar, hacer la foto y salir: los nombres escritos en sus paredes piden tiempo. Lea unos cuantos y deténgase un momento. Si hay mucha gente, espere dos minutos a que baje el murmullo.

Justo al lado está el Antiguo Cementerio Judío. Las lápidas se apiñan sobre otras más antiguas porque al barrio no le quedaba más tierra. Fíjese en los relieves, en las manos, en los animales, pero no se apoye en las lápidas.

Los monumentos de la Ciudad Judía cierran los sábados y en las fiestas judías, así que conviene comprobar la entrada para el día que elija. Luego, a pasear: el restaurante está en la misma calle.